No sabes lo que es la vida hasta que no te han clavado una daga ardiendo en el centro del corazón y ha estallado, manchándolo todo de sangre. No sabes lo que es la vida, hasta que no te has emborrachado para curar las heridas, sabiendo que no las vas a cicatrizar. No sabes lo que es la vida, hasta que has encontrado los ideales por los que luchar y partirte la cara hasta sangrar. Pero nunca sabrás lo que es la vida, si no luchas por reconstruir(te), si no peleas por encontrar a quien te ayude hacerlo, ¿y quién mejor que tú mismo?



diumenge, 7 d’octubre del 2012

El consumo te consume.

El amor es una gran parte de mi vida. Aunque no cualquier amor, tu amor es mi vida. Pero, sin darme cuenta, el mundo sigue girando cuando no estoy contigo.Pero su giro no es correcto. O creo que no es correcto, que tiene solución.

Esta sociedad en la que vivimos se ha vuelto loca. Una sociedad del consumo es lo que es. Compramos cosas que no queremos, o peor aún, que no necesitamos. Las grandes empresas nos lavan el cerebro con sus ingeniosas publicidades, haciéndonos creer que ese producto debe ser nuestro. Buscan enriquecerse a costa de nuestro dinero, gracias a nuestra probreza. Y entramos en un círculo vicioso, del que es casi imposible salir. ¿Mi consejo? No entréis. Pero no soy quien para pediros que no derrochéis vuestra vida frente a una pantalla móvil, cuando soy la primera que lo hace.

No es mi intención criticar el capitalismo; aunque... Bueno, en realidad sí. Capitalismo, esa gran patraña que se basa en la riqueza de unos, gracias a la pobreza de otros. Esa política que ama la propiedad privada, y el capital, cómo no. El capital, sí. El capital y el trabajo son sus dos bases, esas que le arrebatan a la clase obrera para especular con ellas, para que su ansiado capital sume y siga. Y poco a poco, esto es lo que viene siendo nuestro querídismo país. España se va acercando más a una sociedad capitalista (y consumista), al neo-liberalismo estadounidense que adora la propiedad privada, y le repugna cualquier cosa que tenga que ver con el público. Desde la educación hasta la sanidad, las cosas más necesarias para la vida, se convierten en armas de especulación, y se le prohíben al ciudadano sin recursos. ¿Qué temen? ¿Que un mindundi cualquiera le enseñe al hijo de papá que hay mundo fuera de las rejas que separan su barrio de la sociedad?


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