No sabes lo que es la vida hasta que no te han clavado una daga ardiendo en el centro del corazón y ha estallado, manchándolo todo de sangre. No sabes lo que es la vida, hasta que no te has emborrachado para curar las heridas, sabiendo que no las vas a cicatrizar. No sabes lo que es la vida, hasta que has encontrado los ideales por los que luchar y partirte la cara hasta sangrar. Pero nunca sabrás lo que es la vida, si no luchas por reconstruir(te), si no peleas por encontrar a quien te ayude hacerlo, ¿y quién mejor que tú mismo?



diumenge, 7 d’octubre del 2012

La vida es una sinfonía agridulce.

¿No habéis deseado tener una banda sonora en vuestra vida? Que cada beso, tuviese su canción, que cada puñal que se os clavase le correspondiese una melodía. Que no parasen de sonar al largo del día, cambiando de grupo, incluso de estilo dependiendo de si tu sonrisa es más verdadera, o tal vez solo sea una mueca fingida. 

Todos lo hemos soñado alguna vez. Pero llega un momento en el que comprendes que tu vida tiene su banda sonora, y la de cada persona es diferente. Un beso lleva una melodía, la respiración agitada entre tú y yo, los te quieros que mueren en tus labios, los eres la suerte de mi vida que acaban en mi cerebro. Y no solo cuando estás con alguien. Cuando estás solo también sucede. Si lloras, escuchas tus lágrimas caer, tus pensamientos resonar. Sales a la calle, olvidando los problemas y oyes sonidos difíciles de definir. Tal vez es una risa de un bebé, quizás sea la respiración agitada de otra pareja, o los llantos desconsolados de alguna alma solitaria. 

Cada persona tiene su propia banda sonora. Y el mundo... También. Cada uno de nosotros somos una pequeña nota, o un silencio, en una gran sinfonía. Y no todo el mundo es feliz, ni todos somos esos pobres tristes, tiene de todo. Cambios bruscos que forman una pequeña -o tal vez gran- sinfonía agridulce. Cada sonido es único e irrepetible, vivamos de su magia, luchando por memorizarlo. Porque sí, esta música de fondo tiene sonidos increíbles, pero solo quiero que seas tú quien los protagonice todos [a mi lado].

diumenge, 9 de setembre del 2012

La vida sin luchas no valdría la pena.

         Hay momentos en los que pienso que soy adicta a ver tu nombre, a hablarte, a llamarte, a escuchar tu voz, a hablarte y soñarte. Hay momentos en los que creo que cuando le vea a él, te voy a ver a ti. Hay momentos en los que creo que estás a mi lado, que siento tu presencia al otro lado de la cama, abrazándome y susurrándome cosas bonitas mientras me despiertas con un beso. Hay momentos en los que daría la vida por ti, porque sé que la cuidarías. También hay momentos en los que creo que eres la suerte de mi vida, que por fin te he encontrado y que todo va a ser perfecto.

         Pero, no te voy a mentir. También hay momentos en los que tengo miedo. Miedo a perderte, a que esto sea fruto de mi imaginación, a que desaparezcas cuando más te necesito. Hay momentos en los que me da miedo hablarte, por si no me contestas, o por si te aburro. Hay momentos en los que el miedo se apodera de mí, diciéndome que no luche por ti. Pero siempre están los momentos, en los que gano al miedo, y vuelvo a hablarte. Vuelvo a hablarte y a echarte de menos, en cada palabra. Vuelvo a hablarte y sentirte a mi lado. Vuelvo a hablarte y a enamorarme poco a poco.

Luchando por ti.

           Puede que esto sea una nueva historia que empiece gracias a un acto de valentía, o tal vez de cobardía. Igual es esta la historia que buscaba en las sonrisas de los demás, pero sabía que tenía que ser tuya. Seguramente, sea la historia por la que valga la pena luchar e intentarlo. Por esa historia por la que se da la vida, las sonrisas y las horas de sueño. 

          Solo quiero que seas tú, quien que me ayude a formar esta historia. Solo quiero. que seas tú, por quien esperar tres meses para pasar diez días viéndote sonreír, besándote, abrazándote, sabiendo que estás conmigo, en ese momento. Que en el futuro nadie sabe lo que pasará, si esperaremos otros tres meses para vernos, o si serán cuatro esta vez. Pero si sé lo que quiero que pase. Sé que quiero que seas tú a quien espero con impaciencia. Quien me roba el sueño, y me regala las mejores sonrisas.

         Y si alguna vez hay que rendirse, que sea después de haber dado la vida luchando. Luchando por enamorarme, por hacerte feliz, por tenerte. Porque aunque perdamos la batalla, siempre nos quedará la satisfacción de que hemos luchado y no nos hemos rendido, de que lo hemos intentando hasta quedarnos sin fuerzas, de que hemos hecho lo posible, por compartir esta vida.

dijous, 15 de març del 2012

Ser el primero y terminar el último [pensamiento del día].

Cuando estás de fiesta, a seiscientos quilómetros de él y te das cuenta de que lo buscas; cuando en cada camiseta como la suya deseas que esté su cuerpo, cuando en cada perfume que él solía gastar esperas su esencia, cuando lo único que esperas encontrar detrás de unos ojos verdes cualquiera es el brillo de su mirada, y cuando en unos besos sólo buscas su sabor... Es entonces cuando te das cuenta de que estás hundida en su recuerdo. Que no ves más allá de su persona, y no sientes nada más que sus antiguas palabras. Es entonces cuando empiezas a entender que ese dolor cuando cualquier palabra te lleva a revivir los momentos junto a él va a estar siempre contigo. Acompáñandote en tus buenos días y tus peores noches. Colándose sin querer en tus pesadillas para morir en tus mejores sueños. Tal vez parezca idiota, pero puestos a sufrir... Prefiero sentir el dolor de tu ausencia, el recuerdo de tu presencia.

Tal vez mi memoria empiece a fallar algún día y empiece a olvidarte. A no acordarme de la melodía que desprendía tu respiración al son de la mía, a no recordar el dulce sonido de tu voz susurrando mi nombre ni la preciosa sonrisa que se te dibujaba. Puede que algún día olvide como vestías, a que hora te levantabas para decirme buenos días princesa, o a que minuto exacto mirabas el móvil para contestar a mis mensajes. Seguramente deje de recordar que palabra usabas más, cual es tu color favorito, o tu recuerdo más triste. E incluso algún día se me olvide recordarte al empezar el día para soñarte cuando caiga la noche... Pero ten presente que mientras tenga la facultad de recordar, siempre serás mi mejor pensamiento y mi último recuerdo, aunque eso me cueste una herida más, aunque me provoque otro golpe nuevo. Porque algo que está roto, no se puede volver a romper. Y mi corazón lleva dos años y siete meses intentando reconstruirse sin éxito.

dimecres, 7 de març del 2012

Dead, my darling heart.

Otro nueve se acerca. Y este nueve no es nuestro  ese nueve en el que me abrió conversación, tampoco es el nueve que me dijo que le gustaba, ni el nueve en el que sería el último día que lo besara. Es nueve más, un nueve normal y corriente que llega, como cada mes. Un nueve redondo, serio, un nueve triste, por no poder contar nuestra historia; es un nueve deprimido, o tal vez la deprimida sea yo y vea el mundo igual. Parece mentira que después de dos años y nueve meses, para no dejar de lado el nueve, siga esperándolo. Es increíble que después de treinta y tres meses, deba ponerme una mano en el pecho para controlar la pulsación cuando veo su nombre en cualquier sitio. Y no os creais que lo veo en pocos sitios, todo lo relaciono con él. El inicio del nombre, tal vez el final; su incial e incluso su abreviación; sus apellidos, o su mote. Parece mentira que pase el tiempo, que él ya no se acuerde de mí, y que yo no pueda sacarlo de mi mente [porque del corazón tengo claro que no lo haré]. Todavía no me creo que sienta dolor... Debería estar muerta, o ser un ser que vive la vida como obligación, y no afición. Después de tanto daño acumulado, no sé como tengo el valor de quererlo, es más, de amarlo e incluso eso se le queda corto. Pero no hay día en el que no sueñe con él, no hay noche en la que no espere un mensaje suyo, no hay vida en la que no le vaya a querer.

dimecres, 1 de febrer del 2012

zentimentoz con zeta.

              Hay días que crees que la vida es complicada, que no deberías moverte de la cama. ¿Para qué enfrentarte a los problemas, si sabes que no la vas a encontrar? A pesar de eso, saltas de la cama, todo empieza a brillar al recordar su aparición. La de ella... Ella, la niña más bonita que ha aparecido de repente, como un soplo de brisa marina para darle una nueva visión a mi vida. Ella, la princesa que alumbra mis sueños, que aparece todas las noches para consolarme entre sus abrazos más dulces. Ella, un hamor de persona. Sí, un hamor, con hache de hermosura, de héroe que salva mis días. Con hache inicial que no suena, pero se ve. No recuerdo donde, leí que todas las personas encuentran en su vida cuatro diamantes. Antes de conocerte a ti, había encontrado dos. ¡Qué gran suerte! Diecisiete añitos y dos diamantes... Ahora puedo decir que tengo suerte. Que he encontrado el tercero. No es necesario un buen abrazo, ni una dulce mirada. Es más esencial una palabra exacta en el momento preciso, y eso es lo que haces tú, con tus aportaciones. No creo que nadie sepa todo lo que puedo sentir cuando me abres una conversación, cuando veo tu nombre en la pantalla, cuando cierro los ojos y juraría verte. Pocos podrían imaginar las aportaciones que has dado a mi vida, como han recuperado un tono pálido, pero con colores, en vez del grisáceo que solía tener. Me gustaría terminar con un gracias, pero creo que eso ya empieza a ser escaso, porque el brinco que da mi corazón cuando el móvil suena, empieza a ser vertiginoso...

nueve-

            Un silencio ensordecedor recorre la casa. Mis pensamientos gritan silenciosamente tu nombre, mientras el charco de lágrimas sigue creciendo entre la almohada y mis manos. Ya no sé cuanto hace que no escucho tu voz en mis mejores sueños, y sólo lo hago en mis más profundas pesadillas. Ya no recuerdo si todas aquellas palabras tan bonitas que me dijiste, eran verdaderas, o sólo un fruto de mi imaginación que quería conquistar tu amor. Ya ves, el tiempo hace la duda, pero no el olvido. Después de tantos años, estoy componiéndote versos para nunca recitártelos al oído, susurrándole palabras al frío viento de invierno -ese que parece que entre ráfaga y ráfaga articule tu nombre- para que no te lleguen nunca como si de un soplo de aire sahariano se tratase, para que entres en calor. ¿Cuántas veces he usado la palabra nunca? Yo, que he creído que el siempre llegaría después de esto, que sería innecesario usar el nunca, porque el que algo quiere, algo le cuesta, y el que la sigue, la consigue...