No sabes lo que es la vida hasta que no te han clavado una daga ardiendo en el centro del corazón y ha estallado, manchándolo todo de sangre. No sabes lo que es la vida, hasta que no te has emborrachado para curar las heridas, sabiendo que no las vas a cicatrizar. No sabes lo que es la vida, hasta que has encontrado los ideales por los que luchar y partirte la cara hasta sangrar. Pero nunca sabrás lo que es la vida, si no luchas por reconstruir(te), si no peleas por encontrar a quien te ayude hacerlo, ¿y quién mejor que tú mismo?
dijous, 22 de novembre del 2012
Una calada de algo que me pueda colocar.
Buscas evadirte de esta puta realidad que te envuelta, de esta sociedad que te oprime y exprime. Quiero escapar de aquí, todo esto me ahoga con las cadenas del resto, esas que no se oyen si ellos mismos no se mueven. Y los muy cabrones están parados. Demasiado parados para todo lo que hay que cambiar. Bloquean el paso a la imaginación y la lucha armada, a la utopía de un andén lleno de sus besos.
Pero es que ya no tengo sus besos, y mucho menos sus caricias para que me hagan volar. Y mientras mis pensamientos se manchan con el dolor de cada despedida, y la dulzura de cada encuentro, es entonces cuando mi mente añora desconectarse. Apagarse entre el humo denso de un porro, no pensar en cuanto duele todo esto, y lo difícil que es cada segundo sin ti.
Enrojecer la vida de política se marcha de mis prioridades, y el rojo solo acaba detrás de mis pupilas, tan grandes como tu corazón. Las pulsaciones se disparan, mientras las lágrimas se hunden entre esta tinta. Incluso con la mente volando por el infierno, tus recuerdos aparecen en ella, el dolor de tu ausencia se clava en mi pecho, el frío de no tenerte y la calor de haberte tenido se confunden entre mis dedos. Y es que ni un humo más denso es capaz de que desaparezcas de mi mente, ni de mi corazón que lleva tu nombre... ¿Pero sabes qué? Me gusta.
dissabte, 3 de novembre del 2012
Buscarte (y encontrarte).
Miedo, oscuridad, ausencia, pánico, soledad, terror y dolor…
Sentimientos oscuros, dañinos para cualquier persona que los viviese todos a la
vez. Así era como estaba yo hace apenas
tres meses. Sentía como mis ganas de vivir disminuían y como aumentaban las de
escapar, huir como los cobardes y dejarlo todo atrás. Empezar a correr, sin
rumbo fijo, acompañarme de esa oscuridad que me rodeaba y llegar a un lugar
donde nadie me conociese, empezar de cero, sin ser yo, siendo ella, o quizás
aquella. Buscarte debajo de las piedras y detrás de las nubes. Entre la gente y
el humo de este bar que no me deja respirar. En los culos de la cerveza, y en
el primer chupito de la noche. En cada beso, y en todas las palabras. Buscarte
a ti, sí. Aunque no te conociese, sin saber ni siquiera el color de tus ojos,
ni la dulzura que contiene tu mirada. Sin entender porque te escondes de mí, si
no quiero hacerte daño. Buscarte a ti, sí. Con esa sonrisa que devuelve la
vida, y esos susurros que la paralizan, con esas manos que me bajan el mundo, y
esos besos que me roban el alma. Buscarte a ti, sí.
Volveré.
Un paseo con ritmo de despedida, unos besos con sabor a te
necesito, unos abrazos que intentan parar el mundo y una mano que se va
soltando poco a poco mientras desapareces de mi vista. Unas puertas que se
cierran, presionándome el corazón y unas lágrimas que caen, marcando el tiempo
de esta vida, cual metrónomo encendido marcando la velocidad de la sinfonía. Un
cigarro que se consume entre mis dedos, que intentan entrelazarse con el aire
buscando tu mano, y unas miradas furtivas que te buscan en cualquier rincón.
Una presión interna que necesita de tus besos para desaparecer y un nudo en el
estómago que corta la respiración.
Impotencia de tenerte y haberte dejado ir,
de besarte ahora, y no luego. Impotencia de dejarte andar sin mí, de que me
eches de menos, casi tanto como yo a ti. Impotencia de que me necesites y no
poder decirte que todo irá bien, aunque yo esté más destrozada que tú. Pero no
solo hay impotencia, hay recuerdos. Recuerdos que duelen por no poderlos
revivir, por no saber parar el tiempo cuando me lo pediste. Recuerdos que dejan
sonrisas y lágrimas, y un gusto dulce que dice volveré.
dissabte, 27 d’octubre del 2012
Ser tuya como forma de vida.
Otro día empieza, o acaba. Ya no sé en que día vivimos, ni tan solo la hora. Solo se me da bien contar los minutos que faltan para estar contigo, pero son muchas y me pierdo. Otra lucha que acabo perdiendo, ya ves, no te has buscado a la mejor novia del mundo. Ni siquiera a una aceptable. Lucho con todas mis fuerzas, peleo por cada posibilidad, pero ya sabes, no tengo fuerza y acaban todos por ganarme. Las horas me ganan y hacen que pierda la cuenta, no sé si es de día o de noche; tras esta capa de lágrimas no se aprecian los colores, solo veo oscuridad. Las ganas locas por besarte también pueden conmigo y solo hacen que me muerda los labios, dejando que esa sangre, caliente como la vuelves, acabe saliendo por cualquier esquina para dejar de sufrir. Sufrir por no verte, por no mirarte, por no tocarte. Pero se les olvida cuando le cuento lo increíble que eres. La sonrisa tímida, esa "sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos" crece cuando veo tus fotos, recuerdo cada caricia y cada te quiero. Los que he dicho con palabras, y los que me has respondido con miradas. Esa sonrisa se muestra brillante cuando aparece tu nombre en la pantalla, con algún loco te echo de menos, y una respuesta del mismo calibre, mataría por ti, por ejemplo.
divendres, 12 d’octubre del 2012
Huye, pero solo conmigo.
Vivimos en una sociedad consumida por el caos y la velocidad. Por la espera, que desespera, y por el vaivén del ir y venir de las horas. Y entre tanto desorden, solo se me ocurre a mí parar el tiempo. Buscarte en la penumbra, que tus ojos la alumbran. Y ahí estás, en un rincón cualquiera, intentando ocultarte de este mundo que aterra. Pero, ¡vamos! Sé valiente y coge mi mano. Te guiaré a una lugar donde el cielo todavía es azul y los pájaros siguen cantando. Donde este miedo estúpido no ha destrozado nuestra imaginación; ese lugar existe, créeme. ¿Sabes su nombre? Ese lugar es el corazón. Y aunque sea una utópica soñadora, sé que la posibilidad de ser felices aún la podemos encontrar. Ese mundo palpita en el fondo de tu corazón y del mío, por qué no.
diumenge, 7 d’octubre del 2012
El consumo te consume.
El amor es una gran parte de mi vida. Aunque no cualquier amor, tu amor es mi vida. Pero, sin darme cuenta, el mundo sigue girando cuando no estoy contigo.Pero su giro no es correcto. O creo que no es correcto, que tiene solución.
Esta sociedad en la que vivimos se ha vuelto loca. Una sociedad del consumo es lo que es. Compramos cosas que no queremos, o peor aún, que no necesitamos. Las grandes empresas nos lavan el cerebro con sus ingeniosas publicidades, haciéndonos creer que ese producto debe ser nuestro. Buscan enriquecerse a costa de nuestro dinero, gracias a nuestra probreza. Y entramos en un círculo vicioso, del que es casi imposible salir. ¿Mi consejo? No entréis. Pero no soy quien para pediros que no derrochéis vuestra vida frente a una pantalla móvil, cuando soy la primera que lo hace.
No es mi intención criticar el capitalismo; aunque... Bueno, en realidad sí. Capitalismo, esa gran patraña que se basa en la riqueza de unos, gracias a la pobreza de otros. Esa política que ama la propiedad privada, y el capital, cómo no. El capital, sí. El capital y el trabajo son sus dos bases, esas que le arrebatan a la clase obrera para especular con ellas, para que su ansiado capital sume y siga. Y poco a poco, esto es lo que viene siendo nuestro querídismo país. España se va acercando más a una sociedad capitalista (y consumista), al neo-liberalismo estadounidense que adora la propiedad privada, y le repugna cualquier cosa que tenga que ver con el público. Desde la educación hasta la sanidad, las cosas más necesarias para la vida, se convierten en armas de especulación, y se le prohíben al ciudadano sin recursos. ¿Qué temen? ¿Que un mindundi cualquiera le enseñe al hijo de papá que hay mundo fuera de las rejas que separan su barrio de la sociedad?
Esta sociedad en la que vivimos se ha vuelto loca. Una sociedad del consumo es lo que es. Compramos cosas que no queremos, o peor aún, que no necesitamos. Las grandes empresas nos lavan el cerebro con sus ingeniosas publicidades, haciéndonos creer que ese producto debe ser nuestro. Buscan enriquecerse a costa de nuestro dinero, gracias a nuestra probreza. Y entramos en un círculo vicioso, del que es casi imposible salir. ¿Mi consejo? No entréis. Pero no soy quien para pediros que no derrochéis vuestra vida frente a una pantalla móvil, cuando soy la primera que lo hace.
No es mi intención criticar el capitalismo; aunque... Bueno, en realidad sí. Capitalismo, esa gran patraña que se basa en la riqueza de unos, gracias a la pobreza de otros. Esa política que ama la propiedad privada, y el capital, cómo no. El capital, sí. El capital y el trabajo son sus dos bases, esas que le arrebatan a la clase obrera para especular con ellas, para que su ansiado capital sume y siga. Y poco a poco, esto es lo que viene siendo nuestro querídismo país. España se va acercando más a una sociedad capitalista (y consumista), al neo-liberalismo estadounidense que adora la propiedad privada, y le repugna cualquier cosa que tenga que ver con el público. Desde la educación hasta la sanidad, las cosas más necesarias para la vida, se convierten en armas de especulación, y se le prohíben al ciudadano sin recursos. ¿Qué temen? ¿Que un mindundi cualquiera le enseñe al hijo de papá que hay mundo fuera de las rejas que separan su barrio de la sociedad?
La vida es una sinfonía agridulce.
¿No habéis deseado tener una banda sonora en vuestra vida? Que cada beso, tuviese su canción, que cada puñal que se os clavase le correspondiese una melodía. Que no parasen de sonar al largo del día, cambiando de grupo, incluso de estilo dependiendo de si tu sonrisa es más verdadera, o tal vez solo sea una mueca fingida.
Todos lo hemos soñado alguna vez. Pero llega un momento en el que comprendes que tu vida tiene su banda sonora, y la de cada persona es diferente. Un beso lleva una melodía, la respiración agitada entre tú y yo, los te quieros que mueren en tus labios, los eres la suerte de mi vida que acaban en mi cerebro. Y no solo cuando estás con alguien. Cuando estás solo también sucede. Si lloras, escuchas tus lágrimas caer, tus pensamientos resonar. Sales a la calle, olvidando los problemas y oyes sonidos difíciles de definir. Tal vez es una risa de un bebé, quizás sea la respiración agitada de otra pareja, o los llantos desconsolados de alguna alma solitaria.
Cada persona tiene su propia banda sonora. Y el mundo... También. Cada uno de nosotros somos una pequeña nota, o un silencio, en una gran sinfonía. Y no todo el mundo es feliz, ni todos somos esos pobres tristes, tiene de todo. Cambios bruscos que forman una pequeña -o tal vez gran- sinfonía agridulce. Cada sonido es único e irrepetible, vivamos de su magia, luchando por memorizarlo. Porque sí, esta música de fondo tiene sonidos increíbles, pero solo quiero que seas tú quien los protagonice todos [a mi lado].
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